El pasado sábado 14 de febrero, vivimos un momento profundamente especial, en el que pudimos ser testigos del inmenso amor de Dios manifestado en la vida del joven Luis.
A través de su testimonio, Luis nos compartió cómo, en medio de su enfermedad física y durante cada momento de hospitalización, experimentó el amor constante de sus amigos, de su familia y de todas aquellas personas que elevaron oraciones pidiendo a Dios el milagro de su sanación. Nos recordó que, incluso en los momentos más difíciles, nunca estuvo solo.
La misericordia de Dios, que es infinita, se manifestó grandemente en su recuperación, llenando nuestros corazones de esperanza y fortaleciendo nuestra fe. Fue un encuentro cargado de emociones encontradas: gratitud profunda por el regalo de la vida, la certeza de que para Dios nada es imposible y la confirmación de que la unión hace la fuerza.
En Casa Guadalupe reafirmamos que somos verdaderamente bendecidos al contar con personas que oran unas por otras, que acompañan en la dificultad y que sostienen con fe y amor.
Sin duda, fue una celebración del amor en su expresión más pura: el amor que viene de Dios y se refleja en cada hermano.


