Testimonio de Celia

El pasado sábado, la Virgen quiso regalarnos en Casa Guadalupe la presencia de una familia verdaderamente ejemplar, que compartió con nosotras un testimonio de vida que tocó el corazón. Rubén y Miriam, los papás de Celia, abrieron su alma con sencillez y valentía para contarnos cómo, sostenidos por la fe en Jesús, supieron abrazar la Cruz que Dios puso en su camino.

A través de la enfermedad de Celia, Dios les enseñó a toda la familia el camino del servicio, de la entrega y del amor confiado a la Voluntad divina. En medio del dolor, descubrieron que el sufrimiento, vivido de la mano de Dios, puede transformarse en fuente de gracia.

La Virgen María estuvo presente durante toda la enfermedad de Celia. La familia experimentó el gran regalo de tener entre sus brazos el manto de la Virgen de Guadalupe. Ella acompañó a Celia durante sus tres años de vida, no la abandonó ni un solo instante; al contrario, hizo que, a través de su pequeña vida, toda la familia aprendiera a poner el sufrimiento en Sus Manos.

Fue un testimonio de abandono en los planes de Dios y de auténtica esperanza. Porque, como ellos mismos nos recordaban, estamos de paso en esta vida… y qué don tan grande es aprender a amar aquí, para poder llegar a la Eternidad.

¡Gracias por vuestro gran ejemplo de AMOR y entrega!