Este sábado pasado, compartimos el estar juntas. Primero, cantando y alabando a Dios como único Rey y Señor de nuestras vidas en la capilla. Luego, recordando cual es el único objetivo de la Casa en la sala de formación;, que es abrir nuestro corazón para que ÉL venga a irradiarnos de su amor. Tuvimos la gran suerte de escuchar a una mami que, voluntariamente, quiso dar testimonio de cómo Dios ha cambiado radicalmente su vida. Sigue teniendo los mismos problemas o situaciones de sufrimiento pero su mirada está puesta en su Padre y Madre del Cielo, porque no hay otra roca segura como cimentar tu vida en ellos. ¡Gracias Virgen María por tantas maravillas que obras en nuestras vidas!
